5 de mayo de 2007

Huella ecológica

¿Han pensado alguna vez en la huella o impacto que producen en el medio ambiente y en la tierra las nuestras comidas diarias, los desplazamientos al trabajo, la luz y demás tipos de consumo, la televisión, o la lavadora y demas tipos de consumo? Pues háganlo. Cada persona tiene una "huella ecológica" diferente que nada tiene que ver con la talla que calzamos, pero ya que aumenta o disminuye en función de los recursos que empleamos y los desechos que producimos.


Los humanos, para poder vivir, necesitamos tanto de los servicios que ofrecen los ecosistemas (agua, aire, protección frente a las inundaciones) como de la alimentación, así como de la capacidad que el medio ambiente tiene para combatir absorber y reciclar la contaminación y los residuos, no sólo los domésticos, sino incluso los originados dentro depor los procesos productivos industriales o en la actividad de los distintos medios de transporte. El uso de tales servicios ecológicos puede ser objeto de evaluación, en función del terreno que los ecosistemas de en los que se sustentan necesitan para su correcto funcionamiento. Es por todos conocido queQue los ecosistemas precisan de un terreno para existir no supone ningun misterio. La huella ecológica se emplea por tanto como un instrumento de contabilización"contabilidad", a través de la cual se calcula la porción superficie de tierra necesaria para que por medio de la explotación de los recursos y de la asimilación de la polución tengan lugar los distintos tipos de consumo humano.

No obstante, la extensión terrenalsuperficie terrestre de la que seres humanos, animales y plantas pueden disponer es finito. Si sumáramos la totalidad del terreno biológicamente fértil del mundo (es decir, la tierra susceptible de proporcionar distintos servicios ecológicos, tales como el sustento, frutos, madera, oxígeno, etcétera) y lo dividiéramos por la población mundial, veríamos que a cada habitante del planeta le corresponde un 1,7 de hectáreas terrenal, del cual un 0,25 sería agrícola, un 0,6 prado, un 0,6 bosque, y el resto terrenos modificados (ciudades, carreteras, etcétera).

Para vivir dentro de los márgenes de la capacidad ecológica del planeta, o, dicho de otro modo, para que entre la producción biológica del planeta y la demanda de recursos naturales de los humanos exista un equilibrio ecológico, la huella ecológica de cada persona debería ser la equivalente a 1,7 hectáreas, cifra ésta que debería servir como referencia de la realidaddel equilibrio ecológicoa. Se debería hacer un esfuerzo por que cada persona adecuara su huella ecológica a dicha magnitud.

La realidad, sin embargo, es distinta. Por una parte, porque sabemos que la huella ecológica del consumo alimentariode alimentos, de la madera y de la energía es superior al garantizable por el ecosistema mundial, cuya capacidad de aguante regeneracion se estima que en la actualidad se supera en la actualidad en un 30% — de acuerdo con estimaciones recientes. De esta situacion se deriva el hecho de que situación en la cual el promedio de la huella ecológica de cada persona equivalgadría a 2,3 hectáreas. Este dato pone de manifiesto la destrucción a la que estamos sometiendo la riqueza ecológica del mundo, debido principalmente a la velocidad del desarrollo económico y a su falta de sostenibilidad.

Los retos de la sostenibilidad

Es bien sabido que la huella ecológica global del ser humano es mayor que la asimilable por el ecosistema mundial. Actualmente se estima que la capacidad de los ecosistemas del planeta está siendo superada en un 35%, lo cual indica que estamos "consumiendo" o destruyendo la riqueza ecológica, debido especialmente a la velocidad del desarrollo económico y a su no-sostenibilidad.
Por otra parte, el 75% del consumo global corresponde al 17% de la población mundial, mientras que el 25% restante es repartido entre 5.000 millones de personas. Desde un punto de vista ético, el reparto de los recursos mundiales es muy desigual. Además, si los países en vías de desarrollo llegan a equiparar su consumo al de los países occidentales, el planeta terminará por explotar: necesitaríamos dos más para proporcionar recursos para todos y absorber la contaminación provocada.

Durante estos días ando recorriendo los países asiáticos y conociendo su realidad social. El modelo de "desarrollo" occidental se está extendiendo con rapidez en Asia: por las calles de Vietnam circulan miles y miles de motos, y la gente parece estar contenta; a fin de cuentas, ¿quién podía disponer, hace diez años, de una moto en Vietnam? ¿Qué sucederá si el modelo de desarrollo basado en el petróleo se difunde por Asia? ¿Podemos continuar los habitantes occidentales consumiendo los recursos como si fueran infinitos?



Los gobiernos occidentales todavía no se toman estas preguntas en serio, y la sociedad aún no está concienciada. Es más fácil dejar estos retos de difícil respuesta en manos de las próximas generaciones. Muchos creen, cual fanatistas religioso, que la salvación nos llegará de la mano de la tecnología.

Durante las tres últimas décadas se han suscrito varios tratados y acuerdos internacionales con el fin de garantizar la protección del medioambiente y fomentar la colaboración entre las naciones. Hay varios ámbitos en los que se ha progresado, gracias a iniciativas promovidas por el sector público o por el privado. Pero, pese a que la importancia de estos avances es incuestionable, para su verdadera efectividad habría que agilizar las políticas dirigidas a la sostenibilidad. ¿Es esto posible?


En mi opinión, las respuestas basadas exclusivamente en perspectivas tecnológicas y políticas no resultarán efectivas; a fin de cuentas, ha sido la revolución tecnológica e industrial iniciada en el siglo XIX la que ha permitido explotar los recursos del Planeta de una manera tan “efectiva”. Los actuales sistemas políticos modernos, por su parte, ofrecen respuestas para corto plazo. Prácticamente ninguna de las instituciones con las que contamos es capaz de enfrentarse a retos de largo plazo.


Esta declaración, sin embargo, no debería producirnos extrañeza, ya que no hace sino reflejar los valores de la sociedad actual y de la mayoría de los seres humanos. ¿Cómo van a emerger instituciones efectivas en un contexto en el que el desarrollo material y los valores basados en el consumo van adquiriendo cada vez más fuerza?

No nos engañemos. Es muy fácil culpar a las instituciones y gobiernos por no actuar eficazmente ante los retos de la sostenibilidad, pero el único cambio posible y efectivo depende de cada uno de nosotros. El día que rechacemos usar el coche, puede que asentemos las bases de un sistema de transporte público no contaminante. El día que dejemos de llenar nuestros vacíos interiores con objetos materiales, puede que descubramos nuevos estilos de vida y surjan nuevas instituciones.



El compromiso de cada individuo es el más difícil de los retos con respecto a la sostenibilidad, pero puede que sea también el más bonito. ¿Por qué? Porque no tenemos por qué estar solos al emprender este nuevo camino; quiero creer que en la búsqueda de nuevas alternativas sostenibles, encontraremos más felicidad para nuestras vidas. Porque juntos aprenderemos a descubrir los nuevos caminos "solidarios" para “compartir”. Puede que, con menos cosas, seamos más completos. De alguna manera, compararía el camino hacia la sostenibilidad con la búsqueda de la simplicidad.


En el Mundo Andino, en la cultura aymara de Bolivia, llaman a este proceso de retorno hacia lo fundamental pachakuti, un proceso en el cual, en palabras de Fernando Huanacuni, experto en el mundo andino, “la distribución y el afecto cobrarán una nueva fuerza”. Según el calendario andino, durante los últimos 2.000 años se han impuesto las tendencias individualistas. Dice Fernando que nos encontramos a las puertas de una nueva época en la que predominarán la comunidad y la solidaridad.

Las palabras de Fernando inciden en los principales retos de la sostenibilidad. Todos los habitantes del mundo formamos una enorme y diversa comunidad, y el Planeta, con sus limitados recursos, es nuestra casa. La clave para la supervivencia del ser humano depende del justo reparto de estos recursos. Si emprendemos este camino con solidaridad y afecto, no tendrá por qué resultar doloroso; al contrario, la escasez de recursos materiales nos puede ofrecer una oportunidad para regresar a las cosas fundamentales y vivir vidas más plenas.